Gato Típico Chileno DE LA TV A LA REALIDAD
 
 

DE LA TV A LA REALIDAD

 
 

Las teleseries en Chile tuvieron su época de oro, y muchos soñamos con conocer esos mundos ¿pero sabía que puede visitar estas locaciones? acá le presentamos una guía de estos emblemáticos lugares.

¿Se acuerda de una teleserie que simulaba una historieta de cómic? Una femme fatale, el fantasma, los gansters y el Palacio Santa María donde se desarrollaba la historia. Estamos hablando de Tic-Tac, teleserie transmitida en 1997 y retransmitida dos veces más con importante éxito.

El palacio donde aparecía el espíritu de Max Ossa Morrison no es otra que la Casona Dubois ubicado en la comuna de Quinta Normal en Santiago. Fue inaugurado en 2011 como centro cultural tras permanecer por años abandonada. Originalmente se construyó en 1912 para ser la residencia de la familia Dubois y desde hace décadas se ha visto envuelta en leyendas urbanas que otorgan cierto misticismo al edificio, siendo la más terrorífica de todas la historia de la señora Rose Biravel. Se dice que quedó embarazada, pero el bebé nació deforme, provocando que el Señor Dubois enloqueciera y matara al niño con sus propias manos para luego enterrarlo en el jardín de la casa. La señora Dubois no pudo con tanto dolor y se suicidó colgándose. Mientras tanto el señor Dubois murió solo en la miseria. Usted puede chequear esta historia en el Parque Quinta Normal y de paso entrar a la gran cantidad de museos del barrio, ya sabe, una tarde de misterio y cultura para la familia.

Es 1998, año de los cortes de luz sectorizados, crisis asiática y mundial de fútbol, pero también es el año en que se transmitió Iorana por TVN, una teleserie que se desarrollaba en Isla de Pascua y en la que además de las tramas amorosas, pudimos aprender algo de la lengua pascuense pues esta teleserie contaba con subtítulos que nos enseñaron a saludar, dar las gracias y agregar en nuestro habla cotidiana palabras Rapa Nuis. Personajes que buceaban nos mostraban las maravillas submarinas de la isla. Las tradiciones locales no quedaron atrás, hombres que semidesnudos y pintados se lanzaban en competencia colina abajo, mientras las mujeres acompañaban con cantos y bailes típicos que muchos escuchamos por primera vez.

Rescatamos principalmente dos hitos para los futuros visitantes:

A. Presenciar el Tapati Rapa Nui. Bajo este nombre se reúnen una serie de singulares eventos que constituyen el festival cultural más importante de la Isla de Pascua y uno de los más importantes de toda la Polinesia. El motivo último de la celebración es la elección de la reina de la Tapati. Se presentan dos candidatas al título que serán apoyadas por sus familias, amigos y visitantes. Cada grupo forma una alianza que se enfrentará al otro mediante una serie de pruebas y competiciones, evocando las rivalidades entre los antiguos clanes que gobernaban la isla. El grupo que más puntos consiga conseguirá para su representante el derecho simbólico a reinar en la isla durante el resto del año.

B. Los Siete Exploradores: La típica postal de la isla es el atardecer entremedio de siete moais que conforman el Ahu Akivi, un yacimiento arqueológico de características únicas, debido a su singular ubicación, su estudiada orientación astronómica y al trabajo de restauración realizado en él. Se dice que los moai de Ahu Akivi son las únicas estatuas que miran al mar de toda la isla, ya que el resto da la espalda al océano. Y aunque, si se mira con perspectiva es cierto, la verdad es que están orientadas como el resto de las plataformas, es decir, sus rostros miran hacia la explanada que se extiende ante ellos, donde antiguamente existía una aldea cercana, de la que se han encontrado restos. Por tanto, las imágenes de Akivi estaban colocadas, como las demás, para velar y proteger a los habitantes del poblado mediante el influjo de su mana o poder místico.

Terminando el milenio pasado, en 1999 una teleserie irrumpió con un personaje femenino fuerte, avasallador, terca y solitaria. Era La Fiera, una historia desarrollada en Chiloé entre empresas salmoneras, mingas, trauco, casas de madera, curantos, cánticos y acento cantadito inspirada en la novela La Fierecilla Domada de William Shakespeare.

La ropa de lana, los días nublados, chimeneas, una caleta y la arquitectura patrimonial impregnaban nuestras noches tomando once mirando una teleserie que nos transportaba a la isla sureña con información importante, pues una trama de las tramas en La Fiera era sobre unos estudiantes universitarios que restauraban una de las tradicionales iglesias del pueblo, en la que finalmente aparecía una pintura perdida en una de sus paredes. Hecho que podría ser posible si pensamos en que estas iglesias tienen siglos en pie y que de seguro usted no podría perderse si quiere conocer Chiloé. Estas iglesias de madera fueron construidas originalmente por los Jesuitas. Entre los templos más antiguos que se conservan, se encuentran los de Quilquilco, Quinchao, Achao y Vilupulli, todos ellos pertenecientes al s. XVIII. Antes de la llegada de los españoles, el Archipielago de Chiloé estaba habitada por comunidades indígenas, en su mayoría chonos y huilliches. Ambos pueblos nómades eran grandes navegantes, recolectores y vivían principalmente de productos marinos. Se caracterizan por la construcción de botes o dalcas de madera. Su conocimiento en este tipo de construcción fue tal, que más tarde sería aplicado en la construcción de las propias iglesias.

La invitación está hecha, no se me ponga fiera y hágame caso, entrando a las iglesias chilotas viajará en el tiempo y se impregnará de ese misticismo único en nuestro país, donde la magia, la religión y la tradición se unen frente al mar.

En Mejillones yo tuve un amor, hoy no lo puedo encontrar. Usted quizás sí, porque probablemente vio la teleserie Romané, amor gitano. Se acuerda que comenzaba el año 2000 con toda la familia alrededor del televisor del living viendo cómo una gitana se enamoraba de un cura, mientras un gitano apostador se atrevía hasta de hipotecar a la esposa, vimos además a una gitana joven yendo escondida al colegio, una joven Milenka casada a la fuerza y así un sinfín de aventuras decorada con carpas de colores, faldas largas, joyas de plata, pailas de cobre y palabras en romané, la lengua gitana. Esta teleserie se grabó en Mejillones, y es imposible no reconocer esta ciudad si las tiendas gitanas se rodeaban de acantilados y las playas se rodeaban de cerros arenosos en un paisaje austero y reflexivo donde se mezcla el desierto con el mar.

Si está en la segunda región no espere más y vaya derechito a la playa Rinconada de Mejillones. De aguas cálidas, apacibles y de oleaje suave, es el lugar indicado con condiciones apropiadas para las actividades recreativas y deportivas (vela y otros deportes náuticos). Sus arenas son suaves y blancas un mar azul calmo, con hermosos fiordos y formaciones montañosas de areniscas finas, la hacen un lugar ideal para el baño en familia. Así que comadrita y compadrito, tomen una mochila, recorran sin prisa la costa del norte y cuando lleguen a Mejillones instalen una carpa y duerman mirando las estrellas para que vivan aunque sea una noche gitana.

Viajamos en el tiempo hasta llegar a 1930. Estamos en el norte grande, hombres trabajando el salitre, antiguos almacenes llamados pulperías, fichas en vez de monedas, una clase burguesa que no entiende los problemas del proletariado, una compañía de teatro itinerante que llega al pueblo y una crisis económica que aproxima el cierre de esta oficina salitrera. Hablamos de Pampa Ilusión, teleserie que salió a la luz el año 2001 con considerable éxito y que puso temas sociales importante como la lucha de clases de la época.

La historia está inspirada en Humberstone, oficina salitrera que también sirvió de set de grabación para esta producción.

A tan solo 47 km de Iquique, hoy en día Humberstone es un pueblo fantasma, el teatro oxidado, casas abandonadas, algunas incluso con algunos aparatos domésticos botados, calles de tierra que recuerdan alguna época gloriosa donde los autos transitaban en esos años de abundancia minera, escuelas de pupitres vacíos y el desierto que aumenta una postal desolada, donde casi se puede percibir el día en que todos dejaron sus vidas nortinas en busca de fuentes de trabajo en otra ciudad próspera.

Si quiere tener una experiencia histórica y nostálgica, este es su lugar. Puede hacer visitas guiadas o llegar por su cuenta desde Iquique y observar cómo el tiempo de a poco entierra el pasado.

Anímese a recorrer los lugares que vio en televisión. Viva en persona esos mundos que nunca olvidamos, los que vimos junto a toda la familia mientras el pan tostado y el té se enfriaban.

 

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COMENTARIOS

 
 

Jorge urrutia
12 May, 2018

Gracias por los recuerdos....estoy al otro lado del pacifico.