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Conozca cómo reciben las fiestas de fin de año nuestros pueblos ancestrales.

Si bien la colonización española hizo que los pueblos ancestrales con el pasar de las décadas adquieran algunas costumbres occidentales, ellos tienen su propio año nuevo que no coincide con el 31 de diciembre de nuestro calendario gregoriano. Acá compadrito y comadrita le contamos acerca de sus propias festividades en esta misma tierra.

La celebración más importante de los pueblos originarios de América del Sur tiene lugar el 21 de junio y es conocida como el «We Tripantu» o «Nquillatún», término mapuche que significa «salida del nuevo Sol». Esta fecha marca el solsticio de invierno, momento en que el astro rey alcanza su mayor altura aparente en el cielo. Este fenómeno es considerado por los indígenas como un renacer porque la época de cosecha culmina y la tierra se prepara para su nuevo tiempo de fertilidad. Además la víspera del solsticio es la noche más larga del año – la que nosotros conocemos como noche de San Juan – así que luego de ese momento clave y durante los seis meses siguientes, las noches se acortan y los días se alargan y con más luz disponible, entonces hay más abundancia.

Pero no solo los Mapuches ritualizan esta fecha, pues los pueblos de la cultura andina como los Aymara, Quechua y Atacameños también lo consideran su año nuevo, celebrando a la Pachamama o madre tierra y a Tata Inti o padre sol y le solicitan les traiga un año productivo y rico en animales y cosechas para la comunidad.  Los rapanui en junio por su lado, realizan el Aringa Ora o Koro, un culto a los antepasados, frente a los altares ceremoniales, llamados «Ahu Moai». El rito también simboliza una nueva temporada de siembra de los recursos naturales, tanto terrestres como marinos y a su vez rinden homenajes a los patriarcas de las familias, junto a los linajes y parientes de la comunidad, alrededor de un gran curanto. 


Para estos pueblos su cosmovisión, es decir, su forma de ver la vida, se basa en que en la naturaleza está todo dado, solo hay que saber observar. Como estas culturas ancestrales eran muy observadoras de los movimientos del cielo también llegaron a un calendario que indica un año de 364 días exactos pero lo distribuyeron en 13 meses (küyen) y 28 días (antü). 

Ya ve comadrita y compadrito, años nuevos pueden haber muchos, pero lo que nos une a todos, es celebrar en comunidad la bienvenida de un nuevo ciclo que nos trae nuevas oportunidades.

 

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